Música para flotar

lunes, 3 de febrero de 2014

La génesis de Drácula, su madre y la película de F.F. Coppola (Parte II)

¿La verdadera madre de Drácula?
Al instante, la anciana fue corrida sutilmente desde un costado por un brazo hacia el otro lado. “Disculpen a mi madre forasteros, está un poco loca porque estuvo leyendo muchas historias de vampiros”. Las palabras de este joven y apuesto caballero nos calmó un poco. Vestía, no despojado de excentricidad, un traje con galera, como si fuera de otra época. Amablemente nos invitó a pasar diciendo que nos estaba esperando. Nos condujo por un pasillo semioscuro –todo estaba iluminado por velas, no había electricidad– hasta un gran comedor cuya mesa tenía proporciones inauditas, como si allí se festejaran los banquetes de todo un reino. La comida estaba lista; había un plato, un vaso y un juego de cubiertos para cada uno. Lo más raro fue que las servilletas tenían nuestros nombres bordados. Francis Ford le preguntó por este detalle y el hombre trajeado contestó que el dueño de la posada le había enviado un mail diciéndole que había mandado a unos turistas a su residencia…pero yo pensaba tres cosas: primero, ¿cómo sabía el posadero nuestros nombres?. Segundo, el posadero nos había dicho que no sabía si estaba habitado el castillo, obviamente nos había mentido. Tercero, ¿cómo se mandaban mails cuando todavía eso no existía? (de hecho, ¿cómo tenía wi-fi cuando no había electricidad?). Muchas preguntas y muy pocas respuestas. 
El actor Gary Oldman caracterizado como el Conde
En un momento, el anfitrión se levantó y se fue. Su madre volvió a aparecer y sin importarle que estuviéramos hablando, nos interrumpió para decir lo siguiente: “Apelo a vuestra fe más profunda, y sé que es difícil creerme, pero soy una de las hijas de Vlad Tepes. Tengo cientos de años y por un hechizo no puedo morir. Mi hijo, nieto del héroe rumano, inspiró a Stoker a escribir la famosa obra. Tienen que creerme. Pedirles que depositen su confianza en una locura tan desorbitante no es sencillo, pero la fantasía, como siempre, se muestra más interesante que la realidad”. Bajo esa confusa premisa, decidimos seguirle el juego. El hijo volvió a aparecer, aferró a su madre del brazo y la sacó de la sala. 
Mientras tomábamos un café espeso y negro en una coqueta sala, discutimos las cuestiones que a nosotros nos interesaban. A saber: los derechos, la disponibilidad del lugar, el tiempo de rodaje, el dinero, en fin. El hombre parecía muy accesible y entusiasmado con el proyecto. Al terminar la conversación de manera exitosa para ambas partes, nos mostró retratos de su familia y unas cuantas pinturas y se hizo tarde para irnos y buscar un lugar donde dormir. Entonces, luego de mucha insistencia del dueño de casa, nos quedamos allí. 
Las chicas solo quieren divertirse
“Cada uno dispuso de una habitación individual y la anciana no quiso cobrarnos nada. Yo estaba agotado y no podía contener el sueño. Me acosté y quedé profundamente dormido. Pero en un momento de la noche escuché un grito que me paralizó. Me incorporé y me quedé sentado en la cama, tratando de afinar el oído. Entonces, la puerta se abrió y entraron tres mujeres desnudas muy sensuales y con los labios rojos. Yo pensé que estaba soñando, pero cuando se acostaron en mi cama y comenzaron a besarme, me di cuenta que era real. Una buscaba mi cuello, y con espanto sentí que estaba reviviendo de alguna forma el libro escrito, o que anticipaba el guión que íbamos a filmar. Me sujetaron entre las tres y yo forcejeé con ellas para liberarme. De repente, bajo el marco de la puerta apareció la señora. Las mujeres se frenaron instantáneamente y la miraron con pavor. La anciana chasqueó los dedos y las tres jóvenes lujuriosas salieron caminando como autómatas de la habitación. Ya no pude dormir esa noche. 
Al otro día compartí mis experiencias con el resto del equipo y todos habían tenido que soportar situaciones extrañas. Al ejecutivo de Columbia Pictures le apareció un lobo en la cama. Francis Ford había visto a la mujer mayor por la ventana, corriendo en cuatro patas, a la luz de la luna, con un grupo de lobos. El libro escrito por Stoker, de alguna forma se había vuelto real, o al menos se actualizaba a cada instante. Kate, una de las escenógrafas, no estaba en el castillo al otro día. La anciana dijo que se había ido temprano. Nunca pudimos entender qué pasó. 
La madre con su
amiga: "Manos"
Meses después, en pleno rodaje e investigando los espacios, la encontramos empalada en uno de los jardines subterráneos. Sospechamos que su destino había tenido que ver con la humorada del primer día. Encontramos también a varios empleados del equipo técnico muertos de la misma forma. Empleados que seguramente habían puesto en duda la maternidad de la anciana o habían bromeado con la historia de su hijo o de su padre. El poder del mal había hecho justicia de manera invisible pero efectiva”.
Su rostro guarda mucha similitud
con el de su madre
“Los más turbados por la experiencia extraña que se vivía en ese lugar fueron los maquilladores. Como si la anciana los hubiese inducido, crearon para el actor Gary Oldman un molde que se parecía mucho a ella. Yo no estuve de acuerdo de ver a un conde tan feminizado y anciano, pero al otro día caí enfermo y por semanas no pude levantarme, entonces mis opiniones quedaron silenciadas”. 
Al recuperarme, luego de haber sido transportado desde Rumania a mi ciudad de residencia, tomé conciencia de dos situaciones: que mi condición me había puesto a salvo del terrible incendio que envolvió el ala del castillo, el mismo día que había terminado la filmación; y la penosa experiencia atravesada por Gary Oldman cuando la máscara creada por los maquilladores empezó a derretirse sobre su rostro y cuello ocasionándole graves quemaduras. 
Tal parecía que la inmortal anciana no estaba dispuesta a soportar ninguna burla y, menos aún, a tolerar que en su casa se produjeran lujuriosos actos de vampirismo...Su intención era darle, mediante la venganza, un nuevo giro al tristemente famoso mito del cruel conde Drácula...

Corrección y agregados: Silvia T.

domingo, 26 de enero de 2014

La génesis de Drácula, su madre y la película de F.F. Coppola (Parte I)

El temible empalador
Existe una historia que muy pocas personas conocen. Una historia que nunca salió a la luz hasta ahora. Una historia con ribetes increíbles que involucra a unos pocos, pero que debe ser revelada por su interés, tanto cultural como cinematográfico. Empecemos por el principio. En la actual Rumania, existió allá por el siglo XV, un terrible príncipe valquirio llamado Vlad Drăculea (1431-1476). El adjetivo “terrible” se justifica si consideramos que el mundo lo conoce con el apodo de “el empalador”, por la peculiar forma en que asesinaba a sus enemigos, y a casi cualquiera que le cayera un poquito mal, como revelan muchas de sus anécdotas. Una de ellas cuenta que un día le preguntó a dos religiosos qué opinaban sobre su método para matar. Uno le dijo que estaba muy bien, que era una excelente manera de atemorizar a los enemigos y advertirles contra quién se enfrentaban. El otro le dijo que le parecía terrible y sanguinario. ¿Qué hizo Vlad? Empaló al que lo había apoyado tratándolo de adulador e hipócrita y dejó vivir al otro. Lo cierto es que por su desbordante nacionalismo es considerado actualmente un héroe rumano.
Su figura aterradora inspiró al joven escritor irlandés Bram Stoker (1847-1912), quien retomando la tradición y agregando un poco de sangre creó al mítico personaje “Drácula”. La novela homónima fue publicada en 1897 y desde entonces no ha parado de ramificarse y encontrar un terreno fértil en todas las vertientes del arte (pintura, música, teatro, etc). Una de las ramas en donde su figura quedó más inmortalizada fue el cine; el quinto arte le dedicó a la figura de Transilvania muchas películas, serias o paródicas, en blanco y negro o color, pero quizás la más renombrada por su calidad, su realismo, su fidelidad al texto original y por qué no, por el maquillaje del conde (de hecho ganó un Oscar por este motivo, los otros dos fueron por “Mejor diseño de vestuario” y “Mejor edición de sonido”) fue la de Francis Ford Coppola estrenada en 1992. Producción que, por otro lado, lo reivindicó del fracaso que significó la tercera parte de la trilogía El Padrino. Personalmente me resulta la mejor adaptación realizada y la recomiendo urgente a aquel que todavía no la haya visto.
Afiche del film
Creo que para un imaginario popular es innegable asociar la figura de Drácula con la magnífica caracterización que llevó a cabo Gary Oldman. No olvidemos por supuesto a Bela Lugosi, el primero e inmortal padre de los vampiros. No voy a contar acá el argumento archisabido del gran padre de los vampiros, sino que voy a referirme a unos acontecimientos extraños, que sucedieron en los días previos y durante la realización del film, contado por uno de los primeros técnicos de Coppola, Marc Dorcel, en su diario íntimo (del que solo disponemos de unos fragmentos porque el original fue robado), situaciones que inexplicablemente tuvieron muy poca repercusión y a las que acá trataremos de hacerles justicia. “Un par de meses antes de comenzar el rodaje, Coppola y una pequeña comitiva integrada por tres escenógrafas, dos editores y algunos financistas de Columbia Pictures, se encontraban recorriendo Rumania en busca de una locación pertinente para el desarrollo de la trama, pero ninguna los convencía del todo. Una tarde calurosa de julio pararon a descansar en una posada derruida, en un pueblito perdido. Allí, el dueño les sugirió un imponente castillo medieval que se encontraba a pocos kilómetros de allí pero afirmó que no sabía si estaba habitado. Sin nada que perder decidieron ir.” (…)“El lugar era efectivamente imponente y todos quedaron maravillados al instante. La arquitectura gótica, las gárgolas con expresión de terror y hasta una atmósfera tenebrosa, que se correspondió con la caída del sol, produjeron un erizamiento general en el grupo al que le pareció ideal para el espíritu de la película. El paso lógico era conversar con el o los dueños y convencerlo/os para poder usar el espacio. En general decían que no pero cuando el ejecutivo de Columbia Pictures informaba lo que podían pagar, todas las puertas se abrían. Pero esto iba a ser diferente a lo que se acostumbraba. Caminando hacia la puerta escucharon lo que parecía ser un lobo. La puerta era de madera y tenía muchas marcas, como de rasguños de animales. No había un timbre visible, así que llamaron con un puño. El golpe se reprodujo 
El castillo que cautivó a Coppola y a sus asistentes
adentro con un eco hueco. No pasaba nada. Volvieron a golpear. Nada. Pasaron los minutos y cuando se disponían a irse, la puerta se abrió ruidosamente. Parecía no haberse abierto en años, siglos. Una diminuta anciana apareció y nadie pudo creer que un ser tan frágil hubiera podido abrir semejante puerta de roble. Estaba en una bata roja y no llevaba calzado. Tenía la piel muy arrugada, los ojos rojos, como de no dormir o como de haberse levantado recientemente… u otra cosa. No dijo nada, así que le explicamos los motivos que nos habían llevado tan lejos de nuestra Norteamérica. Luego de escuchar, asintiendo por momentos, dijo en un inglés muy trabado: “Me alegra que quieran hacer una película acerca de mi hijo…espero que esta vez sea digna”. Una de las chicas, más por nervios que por descortesía, no aguantó la risa y le respondió no sin un poco de sorna: “¿Usted es la madre de Drácula, señora?”. La señora se limitó únicamente a sonreir. A todos se nos heló la sangre. Lo cierto es que esa noche, Kate Brooks, escenógrafa recibida en la Universidad de Princeton, desapareció”. 





CORRECCIÓN: SILVIA. T

domingo, 19 de enero de 2014

La taza suicida

     Entré –habré abierto la puerta muy abruptamente– y escuché cantar a una taza. Pero permítanme explicarme mejor: al ingresar a mi casa tuve la sensación de que una melodía se había interrumpido de repente, como si alguna actividad estuviera llevándose a cabo en la cocina. Prendí la luz y lo único que encontré sobre la mesada fue una taza. Siempre sospeché que, al irme, cosas extrañas sucedían; y esta vez no pude haber estado más cerca. Pero la taza, por supuesto, permanecía impávida. Silenciosa y fría. Había un resto de leche en su interior. Solía dejarla sin lavar, es cierto, pero ignoraba que eso me traería tan funestas consecuencias.
      Yo no lo sabía a ciencia cierta, pero en mi intuición estaba develando un secreto que a la humanidad aún nos está vedado: que las cosas inanimadas tienen vida; o al menos participan de alguna extraña existencia. La taza no tiene boca, no tiene lengua, tampoco dientes ni una conformación anatómica que le permita articular sonidos; mucho menos, cantar. Solo es una taza. Pero juro que yo la escuché canturrear...
      Sin saberlo, porque no tenía manera, la taza estaba rebelándose contra el descuido al que era sometida. El asa estaba parcialmente quebrada porque una vez se me había resbalado cuando la enjuagaba y, como dije antes, no solía estar limpia. Además, la constante acumulación de chocolate le había formado en el fondo una mancha que percudía su blancura.
El chocolate que empezó a deteriorar la blancura
Esta clase de desatenciones hicieron mella en su ánimo. Entonces la taza, cansada e irritada, decidió manifestarse. Y las tazas, cuando están enojadas,
  se manifiestan con una dulce melodía. Hasta en eso son más civilizadas que los seres humanos que gritamos, rompemos, imponemos y causamos daño. Ella solo cantaba su fastidio. Supongo que hubo un montón de pistas que no supe ver, que no entendí, como esta.
      Un día volví a casa más temprano. Hacía mucho calor y fui a la cocina a tomar un poco de jugo. Me llamó la atención no ver la taza que siempre quedaba en el fregadero, a la espera de mi buena voluntad con el detergente. No me importó demasiado, como solía suceder, y tras saciar mi sed, me olvidé del asunto y fui a sacar la ropa colgada en el balcón que, supuse, ya se habría secado.
La taza apunto de arrojarse
      Quedé aterrorizado con la imagen. Hastiada ya de tantas melodías incomprendidas, de protestar tan pacíficamente, había tomado una decisión extrema: suicidarse. No sé cómo llegó hasta allí. Se había encaramado a la baranda y se tambaleaba. Lo último que recuerdo es que corrí a evitarlo pero, para entonces, ya se había lanzado al vacío. Los cereales fueron cómplices, o quizás le llenaron la cabeza (cabeza “hueca” de loza) para que lo hiciera. Lo cierto es que los vi en su interior, como aprobando,     hasta disfrutando, diría yo, de lo que iba a suceder. Nunca más voy a subestimar a una taza. Al caer, impactó contra un transeúnte que perdió la vida instantáneamente bajo una ridícula lluvia de copos integrales; y no faltaron vecinos pugnando por señalar de dónde había caído el objeto contundente. Por supuesto, no pude probar mi inocencia y culpar a ella del  fatal “accidente”.
Uno de sus antepasados directos en una caricatura
      Y ahora que tengo tanto tiempo para pensar, reflexiono acerca de todo el sufrimiento por el que habrá pasado mi taza, cómo mi abandono habrá herido su sensibilidad. Ella, que provenía de una familia tan numerosa, de origen y nombre afamado, de una época en que los juegos de loza inglesa eran para veinticuatro comensales; sí, del tiempo en que se reunía alegremente con las otras piezas-hermanas para formar parte de grandes mesas en las que muchos invitados compartían sin prisas la relajada hora del té. Poco a poco, se había ido quedando sola, ya nadie la cuidaba, ni siquiera yo que debía velar por ella... 
      Y entonces desde la celda, mientras tomo un caldo desabrido, pienso si esta taza de tosco material que calienta mis manos, llena de marcas de golpes acumulados durante años, tendrá la capacidad de ayudarme a escapar de este destino al que me condenó su congénere o, al menos, de cantarme por las noches...
Una imagen más de la taza suicida contemplando la calle 

Co-autora: SILVIA . T

lunes, 13 de enero de 2014

Av. Córdoba y Reconquista

Una esquina para enamorarse...y sufrir
     En un rato, Nicolás y Carla se encontrarán en la esquina de Reconquista y Córdoba. La expectativa es inmensa y cada uno, desde su naturaleza, fantasea con el encuentro, con lo que pasará, con las cosas que se dirán. Son cazadores y viven la vida con intensidad, y por eso no les preocupa el nivel de juego del encuentro. Ellos no pierden. De cualquier forma van a sacar los dientes porque así son, ya sea para amar o para matar. 
     Él ronda la zona con más de media hora de anticipación y se advierte algo nervioso. El calor y las horas en la calle lo han convertido en una persona de aspecto deplorable: transpirado, con el pelo revuelto, la chomba arrugada. Nicolás tiene novia pero no puede meditar sobre eso ahora, solo piensa en los ojos de Carla, en su acento, en su figura, en todo el torbellino que le provoca cuando baila en su cabeza. Ella transita momentos difíciles en la oficina, trata de guardar una compostura ejecutiva y profesional, pero en el fondo piensa en que en un ratito volverá a ver a Nicolás, su viejo compañero de la facultad que por esas obras del destino o por mera casualidad o causalidad, fue a presentarse en su trabajo buscando información para realizar un viaje al destino del que Carla es oriunda y representa a través de la embajada. 
     Les sacude el pecho recordar el final del primer encuentro, del primero luego de los diez años, donde el escuchar el nombre del otro detonó un viaje introspectivo en cada uno. Ese día despertaron con la sensación familiar de que sería una jornada normal. Hasta mitad de la tarde no parecía que fuera a suceder cosa alguna, pero sus destinos ya estaban escritos o sus libertades consumadas.
12 de junio

El día del encuentro, Nico no quiso llegar con las manos vacías y entró a un kiosco a comprarle a Carla una golosina, alguna cosita dulce.Nunca trámite tan trivial significó tanta complejidad. Los productos, más allá de ser puros dulces, guardaban secretamente una connotación. No era lo mismo regalar un Dos corazones que un incómodo paquete de pochoclos. El fastidio del vendedor y el apuro de otro comprador lo llevó a elegir un bocadito Tita, una pequeña galleta recubierta de chocolate que a su entender cumplía decentemente con la intención de presentarse con algo y sorprenderla. 
Cruzó avenida Córdoba y tras un pequeño rodeo, decidió esperarla parado arriba de uno de los escalones de una puerta secundaria del hotel de la esquina. En su cabeza la recordaba alta, incluso más que él y se acomplejaba ante esta imprevisibilidad. Debía pararse derecho y no jorobarse. 
Ella se miró al espejo del baño de su oficina, la hora se acercaba. Estaba segura, como solía estarlo, y se veía preciosa, despampanante. Se perfumó el cuello, las manos y el pecho. Haciendo uso de su hora de almuerzo, bajó en un ascensor destartalado, saludó al portero y salió al encuentro de Nicolás. Su respiración estaba agitada, tenía maripositas en la panza. La incertidumbre era protagonista…

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La misma rosa el 12 de diciembre
     Entre las cervezas que tomaron esa tarde y terminar con las vidas deshechas, casi nueve meses después, hay un abismo de tiempo, de intensidad, de sueños y decepciones que es imposible evaluar. Así como no se puede entender el amor que una persona puede sentir cuando mira a otra a los ojos, menos se puede entender una relación que floreció rápidamente como la rosa más roja del jardín de la vida y se marchitó a fuerza de tanta promesa rota. ¿Cómo no va a perder los colores si se la empieza a ver en blanco y negro? Es imposible que una flor resista si son dos las personas que soplan para voltearla. 
Sentados allí en ese bar, padeciendo una feliz ignorancia, desconocían que faltaban meses para que viajaran juntos. Sin embargo, faltaba muy poco para que se enamoraran y empezaran una relación, al menos una relación de escorpiones y asesinos. Faltaban poquitos días para que él la invitara a cenar a su casa y un abrazo diera vuelta el tablero de sus seguridades. Todavía no estaba en los planes lastimarse ni los engaños y las mentiras. Esa esquina que circunstancialmente los reunió allí, fue el comienzo de algo maravilloso, y a la vez el principio del fin. 

   Hace unos días, el viernes diez de enero, dos personas se encontraron finalmente alrededor de las seis de la tarde tras conocerse una semana antes, pero en la nochecita, en el after de un pub de Retiro. Se pasaron los celulares y estuvieron toda la semana escribiéndose, hablando por horas, ilusionándose. Tenían que verse, no podían esperar más. Se sonríen, se miden y se gustan. Ella se siente gustada, él se ilusiona. La esquina de Reconquista y Córdoba, la esquina del amor y del desamor, la del punto céntrico que de lunes a viernes exuda vida y movimiento y los fines de semana propone muerte y soledad, es testigo silencioso de algo que está naciendo otra vez y que lamentablemente morirá.

martes, 31 de diciembre de 2013

La Logia Enanil Alfa, el muerto y la venganza de la Virgen -Parte II (Final)

La Virgen con vestimenta alternativa
     El cuerpo seguía viajando de Flores a Plaza de Mayo y viceversa y el tema parecía no tener fin, a menos que la CTA realizara un corte, dejara a miles de usuarios sin servicios y alguno percibiera que en el tren había un difunto. Pero ni siquiera la realidad ayudaba: milagrosamente hacía más de 30 días que no se realizaba ningún cese de actividades. La gente, mientras tanto, entraba, salía, se sentaba, se paraba, pedía permiso, empujaba, la mayoría se perdía en las pantallitas de sus celulares o se corría con disgusto cuando un mendigo pasaba por el pasillo central. Una persona tomó el lugar que se había liberado al lado del chico. Era una mujer de rasgos puros y maternales. Pero no era cualquier usuario, ¡Era la Virgen María en persona, en el subte!

     Así como no tenemos con exactitud el retrato ni las facciones de la cara de Cristo, -solo podemos contemplar ese famoso manto donde se dice que secó el sudor de la cara mientras lo llevaban a crucificar-, mucho menos tenemos registros del aspecto físico de su madre. Las estampitas, las estatuas, los motivos religiosos y todo el merchandising católico la plasman según un consenso generalizado sobre cómo se piensa que podría ser. Es decir, no la van a plasmar negra con aros o con una cresta fucsia. Por eso mismo no existía ningún motivo para dudar de esa mujer con un hábito que tanto coincidía con una “monja”. Pero si llegaran a existir dudas, mejor seguir leyendo lo que pasó. 
La Virgen no cree el egoísmo humano

     La Virgen miraba al joven con sus ojos serenos y sufría. La alentaba pensar que ya estaría en el cielo, en la verdadera vida eterna. No podía creer el egoísmo humano y cómo nadie había reparado en la pobre víctima. Le daba asco pensar que su hijo había muerto en la cruz a manos de seres tan despreciables como los que escuchaban cumbia a un volumen ensordecedor y se hacían los dormidos para no darle el asiento a una embarazada. Una chica, parada frente a los dos, abrió un alfajor y empezó a comerlo. Las migas caían sobre su manto, en otro gesto más de atropello e indiferencia. La Virgen estaba muy confundida en la Argentina de 2013…en el mundo de 2013. No sabía qué hacer por el muerto ni por todas esas almas perdidas. Empezó a rezar implorando la salvación para todos, pero un niño distraído le pegó un mochilazo en la cara, lo que la dejó medio tumbada (sumado a que ya se sentía algo mareada por la bendita fragancia a limón). 
La enana planeando su gran golpe

   Sentada frente a ella, una enana la observaba atentamente. Cuando la Virgen levantó la mirada buscando esos ojos que sentía intensamente, la pequeña personita se hizo la dormida. Luego volvió a suceder exactamente lo mismo. La Virgen no sabía, pero esa enana era una de las más importantes referentes de la Logia Enanil que habían mandado justamente ese día para buscar el cuerpo y deshacerlo con un polvo que llevaba en la mochila. Ese joven no podía seguir allí, resultaba sospechoso y tenía que desaparecer. Los estudiantes quisieron hacer pasar desapercibido el cadáver, pero días después, en una asamblea, decidieron que no había sido la mejor solución. Les costó muchos días dar con el cuerpo. Pero ahora que faltaban pocas estaciones, debía ser cauta y aguardar a que la monja se levantara y se fuera. 
     Ahora, ¿qué hacía la Virgen María en Buenos Aires, en el subte? Parece que Jesús estaba harto de escuchar eso de “…esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador, Jesucristo” que tanto decían en misa, y antes de hacer su gran aparición, aparición esperada por siglos y millones de personas en el tiempo, mandó a su madre a un punto cualquiera del mundo para “testear” cómo estaba todo. Después de esa experiencia con el muerto, seguro que no escucharía de ella palabras dulces.
     Así como Jesús fue comedido pero supo castigar a los pecadores; la Virgen también podía ser misericordiosa o despiadada. No olvidemos que ella lo crió. Además, encarnaba a la típica taurina: tranquila y buena pero una vez que la hacías enojar ya no había vuelta atrás. El rencor le duraba para siempre y te hacía la cruz; literalmente en este caso. Y la Virgen estaba enfurecida, eso no podía significar nada bueno. Era claro que esa gente merecía aprender una lección, y esa lección solo podía significar la muerte; pero antes se propuso una purificación masiva de sus almas. ¿La Virgen tenía tanto poder? Y bueno, no olvidemos también que quedó embarazada sin haber tenido relaciones carnales. O sea que es un personaje lleno de misterios y contradicciones. 
El subte comienza a tomar altura
     Cerró los ojos y juntó las manos. Empezó a balbucear unas palabras. El subte, que estaba detenido en ese momento, empezó a elevarse. La gente gritaba y corría de un lado a otro chocándose sin cesar. Ella ya estaba en otra frecuencia, una mística que la volvía inmune a todo. De hecho la enana, advirtiendo algo raro, se paró y quiso empujarla, pero rebotó violentamente contra un campo magnético invisible que como una gran burbuja, la protegía a ella y al joven de toda irrupción. 
Los vagones en plena avenida, flotando
La formación ascendiendo a la Gloria Eterna
El subte seguía subiendo y la Virgen, muy astuta, había trabado los vidrios y las puertas para que nadie se escapara. Todos debían pagar por el pecado de omisión, de egoísmo y de vanidad. Naturalmente, la formación llegó al techo y sus párpados se apretaron un poco más trasluciendo una fuerza imparable. El asfalto de la calle empezó a resquebrajarse hasta que un terrible bloque de hormigón cedió y cayó por el costado contra las vías. El subte quedó literalmente flotando en medio de la avenida. Mucha gente lloraba, otros se habían orinado del miedo, un loco gritaba que había llegado el día del juicio final. La tarea debía terminarse y el subte ascendió finalmente al cielo. Por treinta segundos los transeúntes pensaron que era un OVNI, pero estos parecen platos y esto parecía más bien un tenedor, así que lo descartaron por completo.
 Lo que pasó en el Paraíso no podemos saberlo porque escaparía a nuestro entendimiento. Lo que sí podemos decir, es que nunca más se supo qué pasó con esa gente. La Iglesia de los Dolores, ubicada en la avenida Díaz Vélez, fue la encargada de realizar una misa en honor a todos ellos y realiza cada año, en el día que sucedió el hecho, una caminata para recordar a cada uno de los que tuvieron la “suerte” de conocer a la virgen y ascendieron al cielo eterno en un subte de la línea A.
El funeral de los "santos de la línea A",
(como los llamaron irónicamente los Medios)